Credo de los Apóstoles

Credo de los Apóstoles
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El Credo de los Apóstoles proviene de la fe bautismal de la Iglesia primitiva, especialmente de la comunidad cristiana de Roma entre los siglos II y III. Por eso también su forma más antigua se conoce como el “Símbolo Romano”. Era una fórmula breve que los catecúmenos recitaban antes de recibir el Bautismo. No fue redactado directamente por los Doce apóstoles, pero resume fielmente la predicación apostólica transmitida oralmente desde el siglo I.

Con el paso del tiempo, esa fórmula fue ampliándose ligeramente para aclarar puntos doctrinales y responder a errores de la gente (por ejemplo, negaciones de la verdadera humanidad de Cristo o de la resurrección). La redacción muy cercana a la actual quedó fijada hacia los siglos VII–VIII en la Iglesia latina.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo; la santa Iglesia católica, la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne; y la vida eterna. Amén.

Se llama “de los Apóstoles” no por autoría directa, sino porque expresa la fe apostólica, es decir, la fe enseñada por los apóstoles y conservada en la Tradición. Es el credo más antiguo de la Iglesia latina.

Se usa especialmente:

  • En el Bautismo.
  • En la oración personal.
  • En el Rosario.

El Catecismo lo llama:

“un fiel resumen de la fe de los apóstoles” (CIC 194).

Es más breve y narrativo que el Credo Niceno-Constantinopolitano, que se formuló después (siglo IV) en concilios para aclarar temas teológicos más complejos.

A continuación, artículo por artículo, qué afirma y por qué fue relevante en los primeros siglos.

  1. Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
    Afirma el monoteísmo y que Dios es Padre personal y Creador de todo. Fue importante frente al gnosticismo y al dualismo, que sostenían que el mundo material provenía de un principio inferior o malo.
  2. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
    Declara la filiación divina única de Jesús y su señorío. Respondía a interpretaciones que lo reducían a profeta o maestro moral.
  3. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
    Afirma el origen divino de Cristo. Protegía la confesión de que la iniciativa de la salvación es de Dios.
  4. Nació de Santa María Virgen.
    Sostiene la verdadera encarnación. Fue clave contra el docetismo, que afirmaba que Cristo solo “parecía” humano.
  5. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
    Ubica la fe en un marco histórico concreto. Subraya que la pasión no es mito, sino acontecimiento real.
  6. Fue crucificado, muerto y sepultado.
    Insiste en la realidad de la muerte de Jesús. Reafirmaba su plena humanidad.
  7. Descendió a los infiernos.
    Expresa que Cristo compartió plenamente la condición humana hasta la muerte y llevó la salvación a los justos anteriores. Refuerza la universalidad de la redención.
  8. Al tercer día resucitó de entre los muertos.
    Proclama el núcleo de la fe cristiana. Frente a críticas paganas y dudas internas, afirma la victoria real sobre la muerte.
  9. Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
    Declara la exaltación y autoridad divina de Cristo. Era importante para afirmar su igualdad con el Padre.
  10. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
    Afirma que la historia tiene juicio y cumplimiento. Ofrecía esperanza de justicia en tiempos de persecución.
  11. Creo en el Espíritu Santo.
    Confiesa la acción divina presente en la Iglesia. Preparó el terreno para desarrollos posteriores sobre la divinidad del Espíritu.
  12. La santa Iglesia católica, la comunión de los santos.
    Afirma la dimensión comunitaria y universal de la fe. Reforzaba la unidad frente a divisiones y cismas.
  13. El perdón de los pecados.
    Proclama la eficacia real de la gracia. Era central en la disciplina penitencial de la Iglesia antigua.
  14. La resurrección de la carne.
    Afirma la salvación integral del ser humano, no solo del alma. Contradecía visiones que despreciaban el cuerpo.
  15. Y la vida eterna.
    Sostiene la esperanza definitiva. Dio sentido a la perseverancia en contextos de persecución y martirio.